
NÚMERO 20 "SIéNTANSE úTILES Y BENEFICIOSOS PARA LA COMUNIDAD"
"VIVí PENSANDO QUE AHí AFUERA ESTá LLENO DE POSIBILIDADES" Entrevista a Pablo Giacomini (Dir. Colegio Marín) ATRAPADOS EN LA RED
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¿QUé ES SER UN ESTUDIANTE UNIVERSITARIO?
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"VIVí PENSANDO QUE AHí AFUERA ESTá LLENO DE POSIBILIDADES" ENTREVISTA A PABLO GIACOMINI (DIR. COLEGIO MARíN)
 Con esta primera entrevista, inauguramos una sección en la que entrevistaremos a un director de colegio en cada número. Hasta este momento, ustedes, los estudiantes, tenían su espacio, los profesionales de distintas áreas y representantes universitarios también, pero recién ahora nos preguntamos: ¿por qué pasó tanto tiempo sin que nos hayamos fijado en los directores, referentes fundamentales de todo colegio? Realmente no lo sabemos, pero mejor tarde que nunca. Desde la primera edición de Pro-Vocación, muchos directores y directoras apoyaron incondicionalmente este proyecto y, por lo tanto, tienen mucho que ver con que sea una realidad. Uno de ellos fue Pablo Giacomini, quien hace nueve años que se encuentra al frente de la secundaria del Colegio Carmen Arriola de Marín. Una persona de gestos serenos, pero bien expresivos, que cultiva el pensamiento positivo y de gran capacidad de asombro frente a lo pequeño, cualidad seguramente bien explotada gracias a los años de estudio de Bellas Artes, y por una vida dedicada a la familia, la cultura y la educación.
¿Qué cosas sucedieron en tu vida para que llegaras a trabajar en la educación? Toda la vida dije que iba a ser médico; empecé el ingreso a Medicina durante el último año de colegio y, si bien tenía vocación por el trabajo por el otro, me di cuenta de que en mí lo expresivo y artístico era muy fuerte. Aunque le tenía mucho miedo a la cuestión económica, un poco con coraje y un poco con inconsciencia, tomé la decisión. Empecé a estudiar Bellas Artes en la Escuela Nacional "Prilidiano Pueyrredón" y decidí ponerle el cien por ciento de mis fichas a eso. Al año siguiente, tuve la posibilidad de entrar a trabajar como ayudante en un taller de arte y, automáticamente, descubrí que la educación era una vocación complementaria. Antes de esto, ya había coordinando grupos de acción católica, pero nunca lo había pensado como algo educativo. Como dice Steve Jobs, creador de Apple, los puntos se unen cuando uno mira para atrás en la vida. Me di cuenta de que las cosas que hacía podían tener un mismo sentido. Un año después, me llamaron para hacer una suplencia en un colegio y, más tarde, con un amigo fotógrafo y una amiga grabadora, armamos un taller.
Entonces, la docencia estuvo casi desde el principio de tu carrera? Sí, cuando en Bellas Artes tuve mi primera clase de pedagogía, ya hacía cuatro años que daba clases. Pasé por varios colegios y me fui dando cuenta de que lo que más me interesaba era la adolescencia en el secundario, etapa de una riqueza increíble. Finalmente, me convocaron para hacer una suplencia en el Colegio Carmen Arriola de Marín, de quien fue mi profesor de Arte cuando iba al colegio. Después de un tiempo, quedé como titular y empecé a tomar distintas responsabilidades relacionadas con la orientación de alumnos, tutorías, temas vocacionales, coordinación de grupos de docentes, hasta que llegó la propuesta de ser director. En dicho tránsito, decidí hacer una segunda carrera, que es la licenciatura en Gestión de la Educación, y una maestría en lo mismo.
Con la diversificación y los nuevos ámbitos profesionales que surgieron en la última década, ¿creés que la educación necesita acercarse y trabajar junto con otras áreas del conocimiento? Creo que hoy no es posible trabajar de otra manera que no sea en red entre distintos tipos de instituciones. Quienes trabajan de manera aislada no viven en este mundo. Creo que la multidimensionalidad de los problemas que se están presentando en la educación tiene puntos de contactos con la multidemencionalidad del resto de las áreas. Hoy, de lo que más se está hablando es de que los contenidos de la sociedad en general entren en la escuela, por ejemplo, que un comunicador venga a dar una charla, o un agrónomo, un especialista en relaciones públicas, etc. Desde el ámbito de la gestión, abrir las puertas, conectar la escuela en un sentido amplio con el mundo y consigo misma. Hay que entender la institución educativa como un organismo donde las personas tienen necesidades y, para poder hacer una verdadera educación inclusiva, hay que ahondar en toda esa complejidad porque el mundo de hoy es complejo.
¿Cómo ves la educación en el país? Veo excesiva burocracia. Hay que tratar de simplificar todos los procesos que sea posible y focalizar en lo importante. No quiero caer en el lugar común de que la educación está en crisis; no me gusta la actitud melancólica tanguera. Tuve una agenda que, para cada mes, traía una frase distinta; una de ellas decía: "Viví pensando que ahí afuera está lleno de posibilidades". Esta es una actitud, uno puede vivir en la protesta y la depresión, o vivir pensando que hay un montón de posibilidades ahí afuera para mejorar las cosas. Las instituciones educativas están llenas de personas creativas, emprendedoras y bien formadas, pero a veces la ola del clima negativo es muy pesada. Hay que empezar cada día con una actitud proactiva, sabiendo que lo que tenemos es un menú de cosas para hacer y que dependen de uno.
¿Cuáles son las demandas más fuertes de los estudiantes? Tienen gran necesidad de ser escuchados y contenidos emocionalmente. Más allá de la presencia que podamos darles, lo que buscan es el consejo adecuado en el momento correcto y que los ayudemos a decir "no" en temas complicados. De una manera tácita, esperan que uno pueda asistirlos para discernir en qué enfocar sus energías, y que eso tenga sentido. Estos ejes son centrales. La huella que queda en las personas cuando hacen un buen secundario es indeleble, y también al revés, que a veces es aún más indeleble. En una charla, Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, nos dijo una frase que resume lo que quiero expresar: "Todas las personas que estamos en la educación trabajamos con la esencia de la vida, con las claves de la existencia". ¡No es cualquier materia prima! Es muy sagrado lo que tenemos en las manos, y quien trabaja con adolescentes se da cuenta de esto y es un aprendizaje que dura toda la vida.
¿El colegio se transformó en un refugio donde los chicos encuentran muchas cosas que no están recibiendo en sus casas? Sí. Una vez, en una clase de la maestría, nos explicaron que la familia brinda la socialización primaria, y la escuela, la secundaria. Hoy, muchas familias no pueden dar la socialización primaria, por estar divididas o por necesidades económicas, entre otras cosas. Entonces, ¿quién es la institución llamada automáticamente a suplir lo que la familia no da? La escuela. Esta intenta complementar lo que la familia no puede entregar; en algunos casos, lo logra; en otros, no puede; y en otros casos, no debe.
¿Qué fortalezas encontrás en los adolescentes de ahora? Tienen un pensamiento mucho más flexible, que bien utilizado es una gran herramienta para ser un buen profesional en el futuro. Tienen un diálogo más llano con los adultos, si bien siempre le plantearon sus incoherencias, creo que hoy hay establecida una comunicación más franca y sincera. Se animan a elegir más lo que les gusta. Por ejemplo, este, que es un colegio tradicional, ha producido durante décadas y décadas cantidades de ingenieros, arquitectos y abogados; pero en los últimos quince o veinte años, comunicadores, artistas, músicos, licenciados en Historia, diseñadores, técnicos en el agro, científicos, investigadores, ingenieros en Sistemas, etc. Otra cosa que rescato es que cada vez más chicos están comprometidos con alguna ONG, entidad de bien público o emprendimientos que tienen que ver con los valores y, directamente, con la ayuda al prójimo.
¿Cuál es tu anhelo personal más grande? Poder tener una vida creativa y viable a la vez. Me parece que algunas personas sacrifican muchas cosas porque "para sobrevivir hay que?", y esa idea es absolutamente falsa. Creo que es perfectamente posible intentar ser creativo; todos somos creativos, pero algunos se animan a ponerle a esa veta más energía que otros. Es una cuestión de decisión. Hay que lograr una síntesis entre los valores y principios propios, lo que la sociedad espera de uno y lo que uno quiere hacer. Esto es absolutamente posible, pero depende de la voluntad y la capacidad de pensamiento crítico de cada uno.
¿Y para la educación? Ayudar a formar personas libres, creativas y competentes.
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