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NÚMERO 13
?HOY EN DíA ES NATURAL PENSAR QUE UNO VA A SEGUIR MUCHOS CAMINOS?

HUMBERTO VELEZ (VOZ DE HOMERO SIMPSON)

PERIODISMO POR PASIóN Y FUEGO SAGRADO

DEBATE: TURISMO Y OPORTUNIDADES

HUMBERTO VELEZ (VOZ DE HOMERO SIMPSON)




?Aló, ¿con quién tengo el gusto???.
¿Y si de verdad es él?, me pregunto justo después de escuchar que alguien, desde algún lugar de México, atiende a un largo número de llamada internacional. No tenía duda de que la voz me era completamente familiar, casi como una compañera de toda la vida. Había en ella cierta cadencia y estilo de entonación imposibles de ocultar, que terminaron por despejar cualquier duda: estaba hablando con el mismísimo Humberto Vélez, la famosa voz de Homero Simpson.

?Pues claro, dime en qué puedo ayudarte??.
Una llamada a un celular que obtuve entre los laberintos informáticos de Internet, una breve explicación de la revista y la propuesta de hacer una nota alcanzaron para que Humberto accediera. Es más, agradecía que hubiésemos pensado en él para la entrevista? todavía no podía creer. Fue como encerrar cientos de horas de chistes ingenuos (los que apenas captaba de chico), y acidez e ironías (las que más disfruto de grande) en tan sólo una llamada de cinco minutos.

Ésta es la historia del hombre detrás del personaje amarillo más famoso del mundo. Por un rato, vas a salir de Springfield para sumergirte en un viaje a través de la vida de quien le prestó su voz a películas, series y hasta a los dibujitos que hoy ven tus hermanos más chicos. (*)


En la Argentina, no es muy común la profesión en la que trabajás. De hecho, casi todas las películas, dibujos y series que vemos son traducidos en México. ¿Cómo descubriste que el doblaje era tu vocación?
Aquí tampoco es muy común esta profesión. Trabajamos en ella alrededor de 700 personas, como mucho (en un país de 160 millones de habitantes, no es nada). Hay mucha gente que ni siquiera sabe que existe esta profesión.
Cuando tenía once años, vivía en Tehuacán. Allá solo se veían dos canales de televisión nacional y, desde luego, no había tele local. Pero Alicia Montiel, una tía muy querida, que vivía en la ciudad de México, nos visitaba muy a menudo y me traía, como regalo, una carga enorme de números atrasados de una revista de espectáculos especializada en televisión. Con ella, me empecé a interesar por las biografías de los actores. Un día, descubrí una columna de la revista que se llamaba ?Abismo entre voces e imágenes?, que se dividía gráficamente en dos. Del lado izquierdo, aparecía una foto de un actor ?gringo? y debajo de la foto, una pequeña semblanza del actor, y del lado derecho de la columna, venía una foto del actor de doblaje y una semblanza de su trabajo.
Fue un enorme descubrimiento para mí. Supe que las series no eran en español, que había que doblarlas para que yo las entendiera (hay que perdonarme, era un niño medio baboso). Empecé a devorar como lobo hambriento todos los números de la revista hasta encontrar a todos los actores que doblaban mis series favoritas. Un día, descubrí que el gran Jorge Arvizu doblaba a Pedro Picapiedra y me quise volver ?chango?; más bien, me quise volver actor de doblaje. Sentí el impulso interno inentendible de hacerlo, quería ponerle la voz a los ?monos? de la televisión. Todo esto sucedía cuando yo tenía once años de edad, allá por 1965 y 1966. ¡Habiendo tantas profesiones honorables y lucrativas, y me vengo a enamorar del doblaje!
Emprendí esta especialización de la actuación, que no podré abandonar nunca, aunque la Fox televisión se empeñe. También estudié Arte Dramático, hice teatro, radio y televisión profesional durante algunos años.

¿Cuál fue el mayor aporte que te brindó el estudio para tu profesión?
El estudio es la base. El actor trabaja con sentimientos y sensaciones. Los tiene dentro de sí. Pero debe aprender a localizarlos, y luego ponerlos a trabajar para proyectarlos hacia el público y hacerle creer que está atravesando por una situación que nunca es cierta. Debe proyectar esos sentimientos y sensaciones de manera efectiva, honesta y sin lastimarse. Entonces, debe aprender a usar varias técnicas de voz, de movimientos corporales, etc. Todo eso está inventado desde hace mucho y se enseña en las escuelas de Arte Dramático. Sin estudiar, es posible que algún privilegiado logre ser un gran actor, pero yo mejor estudié, no vaya a ser?

¿Cuando eras chico solías jugar a imitar e inventar distintas voces? ¿Qué recordás de tu infancia?
Jugué mucho a hacer voces. Mis padres trabajaban en una estación de radio en Tehuacán. Un día, mi padre se robó de allí una máquina grabadora de carrete abierto, preciosa, y me la regaló. Con ella, obligaba a mis hermanos Gustavo, de 10 años, y Thelma, de 8, a grabar radionovelas, con música, efectos de sonido y todo. Luego, por la noche, martirizaba a mis ancestros haciendo que escucharan mis genialidades infantiles. También montaba shows para la familia en los que imitaba a unos imitadores de la televisión.
Desde luego, mi madre se emocionaba hasta las lágrimas, y me decía que era buenísimo para hacer voces y que debería hacerlo profesionalmente. Yo se lo creía; por qué no iba a creerle, era mi madre; y un día le hice caso?

Y se lo dijiste?
Cuando le anuncié que quería ser actor profesional, se enojó mucho y me dijo que eso era para ?drogadictos y maricones?, que no era un trabajo, que era una ?vacilada?. No entendí. Durante muchos años, me había dicho que debería hacerlo, y luego me lo prohibía. ¡Preferí hacerle caso a sus consejos iniciales e ignorar sus insultos actuales!

¿Alguna anécdota que te haya pasado en la vida cotidiana usando alguna de las voces de los personajes que doblás?
Una noche de 1985, veía por la televisión, con mi primera esposa, un episodio de MacGruder y Loud, una serie policíaca en la que yo doblaba a Malcolm, uno de los actores principales. Como él era muy galán, yo hacía una voz muy sensual. A ella le gustaba mucho la voz que le ponía al personaje, y me lo dijo. Yo le pregunté muy caballeroso: ?¿Quieres que te hable como MacGruder??. Ella, emocionada, susurró que sí. Le dije, gritando: ?¡Policía, arriba las manos, tiene derecho de guardar silencio!?.
En otra ocasión, un policía de tránsito me perdonó una multa por pasarme una luz roja al hablarle como Homero. ¡Corrupción pura!
 

¿Cómo es el proceso para llegar a encontrar la voz adecuada para cada personaje?
Es diferente en cada ocasión. A veces, hay que buscarlo junto con el director de la película, o uno solo. La mayoría de las veces, la voz sale con sólo verle los ojos al personaje. Ése es el secreto de todo el doblaje, los ojos. En los ojos está toda el alma del personaje, aunque sea un dibujo. Pero no es un proceso largo, siempre es muy rápido, casi siempre inmediato.

¿Lleva mucho trabajo de maduración hasta sentirte cómodo con él?
En unos cuantos segundos, encuentras la voz y luego pasan unos cuantos capítulos para que madure. Homero me costó mucho trabajo, como tres años, y aun así, nunca he estado muy conforme con lo que hice.

¿Cuál fue el más difícil de lograr y el que mayor placer te dio?
Homero es el más difícil, y todos me dan el mismo placer. Me gusta mucho el doblaje, y aunque Homero es muy ?grandototototote?, no es ?el doblaje? en sí mismo. El doblaje es todo, aun los personajes más chiquitos.

¿Después de tantos años de trabajo, cuánto queda de tu voz original?
Mi voz original quedó en la juventud. Los cambios en la voz son naturales. Uno no habla igual en la niñez, en la juventud, en la adultez o en la ancianidad. Hoy, tengo 52 años, y me cuesta mucho trabajo saber cuál es mi voz natural. Tengo que buscarla con la técnica de la respiración diafragmática. Pero cuando la vuelvo a ubicar, viene otro doblaje, y la pierdo. Pero ya son tantos años, que me acostumbré a hablar de varias formas, sin saber bien bien cómo hablo yo.

¿Sentís que, a esta altura, Humberto Vélez ya no es sólo Humberto, sino que se transformó en una mezcla de todos los personajes que dobló?
Está buena esta pregunta. La respuesta es: ?No, yo soy yo?. Los personajes se quedan siempre en las películas; a mi casa, no me llevo a dormir ni a Homero ni a Pooh, ni a Lord Farquaad. Me cuesta trabajo ubicar mi voz, pero no mi persona. Mi voz sí es una mezcla de todo lo que he doblado, o todo lo que he doblado está hecho con pedacitos de mi voz. Pero mi persona no está hecha con pedacitos de los personajes.

Doblaste durante quince años a Homero. ¿En algún momento te sentiste agotado del mismo personaje?
Homero es físicamente muy agotador, requiere una gran cantidad de energía, cambios anímicos inmediatos, gritos y siempre anda caminando por la cuerda floja sin red. Pero, como no era lo único que hacía, pues nunca llegó a fastidiarme.

Sos muy reconocido por miles de personas en todo el mundo. En la Argentina, Los Simpsons fueron, son y serán furor por años. Imagino que cada persona que te ve te pide que hables como Homero. ¿Cansa que siempre te estén pidiendo esto?
Me lo piden todo el día, todo el tiempo. Pero sólo me cansa físicamente, por lo de la energía, pero es muy halagador que a la gente le guste tanto mi trabajo. Se siente muy bonito. Yo lo veo como un regalo adicional de la vida. De por sí, sólo hago lo que me gusta, cobro por hacerlo (poco, pero cobro) y a la gente le gusta. Es un gran privilegio.

¿Cómo te sentiste luego de tu alejamiento del programa?
Primero me sentí fatal y tuve que hacer terapia. Sentía que había perdido a un gran amigo o a una esposa. Le había dado quince años de amor, trabajo, sinceridad y la muy ?méndiga? se va con otro. La terapia me hizo entender que nada es mío. Luego rehice mi vida, y hoy puedo ver pasar a la infiel del brazo del otro y enterarme de sus fracasos, sin sentirme mal, ni desearle a ninguno de los dos que mueran atropellados por un ferrocarril. Que vivan como puedan. Yo ya no soy parte de esa familia.

Los Simpsons cambiaron mucho en los capítulos de las últimas temporadas. Muchos sienten que perdieron algo, no así en la película. ¿Por qué crees que ocurrió esto?
Francamente, no sabría decirte. No he visto ni uno solo de esos capítulos, ni la película. No tengo elementos de juicio.

En Monsters, Inc., compartiste doblaje con tu hija. Ella hacía de ?Buu?. ¿Qué recordás de ese trabajo? ¿Ella también trabaja haciendo doblajes?
Para mí es un gran orgullo que ella haya hecho eso tan bien a los dos años de edad, y estar juntos en la misma película. Además, no es cualquier película.
También hizo de una arañita bebé en La telaraña de Charlotte, y de una hermana de ?Tambor? en Bambi 2. Pero yo no quiero que trabaje desde esta edad, y sólo lo hace cuando quiere y le divierte.

¿Conocés la Argentina? ¿Qué impresión te llevaste de nuestro país?
Estuve dos días en Mendoza, el 12 y 13 de septiembre de este año, y quedé fascinado. Es una ciudad muy hermosa. Me llevaron a comer a una bodega de vinos, la comida es grandiosa. También pude hacer muchos amigos. El fanatismo por Los Simpsons es notable. La hospitalidad de la gente no tiene igual, son maravillosos y siento que les quedé en deuda. Pienso regresar a la Argentina en diciembre a presentar mi libro.

Muchos jóvenes estudiantes que se encuentran descubriendo sus vocaciones leen esta revista. ¿Cómo les explicarías desde tu experiencia lo que es una vocación?
Vocación es un llamado interno. La profesión que escogerás para ejercer, realizarte, vivir, satisfacerte y servir a los demás, se conforma de tus gustos y tus habilidades. Para facilitar la elección, hay que hacer introspecciones preguntándose: ?¿Podría vivir haciendo esto el resto de mis días? ¿Podría dejar de hacerlo y seguir siendo feliz??.
Yo hice eso y resultó. Pero, cuidado, mi primera elección había sido la música. Lo que más me gusta en la vida es la música. ¿Entonces, por qué no fui músico profesional? Porque no puedo tocar bien. Canto muy mal. Mis composiciones son peores que promesas políticas de campaña.
Ése es el otro elemento. Para elegir una profesión, tiene que gustarte mucho, pero tiene que ser fácil para ti poder realizarla. Tiene que fluirte. Tiene que ser fácil desde el aprendizaje. Tiene que ser tan sencillo como caminar. Si no es así, no es una vocación. Yo no soy músico. Soy un excelente crítico musical y un gran degustador de la música clásica. Como público. No como músico.
Falta una cosa. Una vez que has reconocido tu vocación y has decidido abrazarla como profesión, defiéndela, contra viento y marea. Aún contra ti mismo. Que nadie te convenza de hacer otra cosa, por más jugosa que resulte alguna otra ocupación. La única manera de ser feliz que yo encontré es haciendo, a diario, lo que me gusta hacer y en lo que soy bueno para hacer. No me imagino a mí mismo como abogado, que era lo que quería para mí mi buena madre.

Definir con pocas palabras:

Homero: un gordo adorable, igual a todos nosotros. Mi alter ego durante quince años.
Niñez: etapa de felicidad sin límites.
Jóvenes: etapa de cambios inexplicables, dudas, decisiones sin información, esperanza, siembra, fuerza, energía y enfrentamientos.
Latinoamérica: mi casa, mi espacio. Lo suficientemente retrasada para evitar los males del progreso; lo suficientemente adelantada para vivir modestamente, sabrosamente, con buen gusto, con amigos, inocentemente. Una oportunidad perenne para intentar la mejoría en casi todos los sentidos.
Doblaje: mi vocación cumplida
Un sueño: que Latinoamérica avanzara lo suficiente para erradicar la pobreza, pero sin perder la calidez de sus pueblos, ni sus valores ancestrales.
Un pasatiempo: practico ciclismo. Hasta hace poco, lo hacía solo, ahora me acompañan Alicia y Humberto III.
Futuro: desde hace unos tres años, empecé mi futuro como maestro de doblaje. Me gusta mucho enseñar lo que aprendí a hacer durante todo este tiempo. Me gustaría oficializar el estudio del doblaje como una especialización en las universidades, en la carrera de Arte Dramático.

(*) En la nota, mantenemos los modismos y estilos del español de México, junto con los chistes tal como fueron relatados, para no perder la fuerza del mensaje que Humberto quiso transmitir.

por Pablo Aragone



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