
NÚMERO 13 ?HOY EN DíA ES NATURAL PENSAR QUE UNO VA A SEGUIR MUCHOS CAMINOS?
HUMBERTO VELEZ (VOZ DE HOMERO SIMPSON)
PERIODISMO POR PASIóN Y FUEGO SAGRADO
DEBATE: TURISMO Y OPORTUNIDADES
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?HOY EN DíA ES NATURAL PENSAR QUE UNO VA A SEGUIR MUCHOS CAMINOS?
María Eugenia Estenssoro es candidata a primera senadora pero ella se define como ?una ciudadana que hace política?. Estudió en Francia y los Estados Unidos, trabajó como periodista, fue corresponsal de medios internacionales, y creó distintos emprendimientos sociales y comerciales. Su carrera periodística se inició, curiosamente, cuando cubrió las elecciones presidenciales en 1983, con el retorno a la democracia.
¿Cuándo descubriste tu vocación? Puede decirse que tuve una vocación temprana. En mi casa, se hablaba todo el tiempo de política. El país era inestable, estaba en crisis permanente, los gobiernos cambiaban, los bandos se enfrentaban. Nací en Bolivia, pero a los cuatro años vine con mis padres a vivir acá. Siempre me interesó saber mucho acerca de este país. Mi vocación era la Argentina. Recuerdo que, a los quince años, me preguntaba qué podía estudiar para saber más acerca de la Argentina y para poder hacer algún aporte. Y la mamá de una amiga me dijo: ?Podés estudiar periodismo?.
Y estudiaste en el exterior. Sí, a los dieciséis años, viajé a los Estados Unidos, donde estudié literatura francesa e inglesa, porque si yo quería escribir, tenía que saber qué habían escrito los que habían estado antes que yo. Además, creo que es muy importante preguntarse por la razón de ser de cada uno. Quién es realmente cada uno y qué le gusta hacer. Y descubrí que, en las obras literarias, en el teatro y en la poesía, el hombre se preguntaba todas estas cuestiones. Luego hice una maestría en Periodismo, en la Facultad de Periodismo de Columbia, creada por Joseph Pulitzer (N. del R.: ¡Sí, el de los premios!). También estudié Letras y Ciencia Política.
¿Cómo es que ingresás al mundo de la política? A raíz de mi trabajo como periodista política y mis tareas como emprendedora social, me ofrecen un cargo de diputada en 1997. Así fue como empecé a vincularme cada vez más, siempre combinando esta ocupación con mi tarea de emprendedora social. Siempre me consideré más una ciudadana que hace política que política, como profesión propiamente dicha.
¿Cuál es la parte gratificante de ser político en nuestro país, y cuáles son los sinsabores? Lo lindo es cuando los ciudadanos se muestran contentos y agradecidos por las tareas que realizo. He trabajado mucho tiempo junto a los padres de Cromañón. Pienso que es fundamental acompañarlos, es fundamental que la sociedad y el Estado los acompañe. La parte fea tiene que ver con que muchas veces las cosas no salen, tardan, se pierde tiempo para sancionar leyes muy importantes para la comunidad.
¿Cuál es el camino para acceder al mundo de la política? Diría que hay varios caminos. El mío estuvo ligado a lo académico, a lo profesional, a mi labor como emprendedora social. A quienes están interesados en vincularse a la política, les recomiendo militar, en el colegio, en la facultad, relacionarse con jóvenes que también militen. Me parece muy importante esta experiencia porque es un ensayo para ingresar al ámbito político en nuestro país.
¿Qué tan importante es la formación académica a la hora de trabajar en política? Es muy importante. Hay que saber de historia, de derecho, de economía, de gestión, de ciencia política. Creo que hay que saber muchas cosas, pero lo más importante es el contrato moral que hay con uno mismo. Todos hacemos política. No hay que entender la política sólo vinculada a un partido. Con nuestras acciones cotidianas, cada uno construye o destruye la posibilidad de un país mejor. Y este dilema ocurre en todas las profesiones: se puede ser un abogado que defiende a los inocentes o se puede defender a aquel que paga muchísimo dinero. Por eso, la formación humana me parece lo más importante. No se puede ser mejor político que persona. Ese contrato moral es fundamental. Cuando se dice, como comúnmente se dice, ?falla la Justicia?, lo que falla no es la justicia, sino los jueces. No fallan las instituciones, sino las personas. Hacer política es la tarea más pedagógica que existe, porque uno da el ejemplo.
¿Cuál creés que es el mayor aporte que tus estudios universitarios hacen a tu carrera en el ámbito político? Mi fuerte es la comunicación. A mí me gusta saber y me gusta contar lo que sé. En la política, esto es fundamental, porque uno debe poder expresarse bien para decir quién es, cómo piensa y cómo trabaja. Conozco muchos políticos muy preparados, pero que no saben comunicar, y eso es un problema. Cuando uno está frente a un micrófono o frente a la gente, debe ser muy claro y transmitir bien sus ideas. También considero que soy buena gestionando proyectos y motivando grupos.
También trabajaste mucho en el ámbito social. Siempre me interesó lo social. Y el sector de las Organizaciones no Gubernamentales (ONG) y las organizaciones de la sociedad civil me parece un área profesional muy interesante para los que tengan vocación de ayudar. Éstas son organizaciones que no buscan obtener dinero, sino hacer algo por los demás. Yo empecé a vincularme con esta área cuando me convocaron para dirigir Poder Ciudadano y Transparencia Internacional. Luego, fundé Equidad, una organización que pretende llevar las nuevas tecnologías a los sectores más carenciados. También fuimos los responsables de conectar la primera escuela rural a Internet. Reciclamos computadoras y las entregamos a escuelas de todo el país. Además, capacitamos a cien alumnos para que aprendieran a reciclar computadoras. Las piezas que sobran luego se reciclan o se venden por partes, pero nada va a parar a los basurales.
¿Qué es lo más lindo de su trabajo en el área social? Equidad me permitió recorrer todo el país y darme cuenta de la calidad de la población. Me encontré con gente muy trabajadora y solidaria. Creo que con mejores gobernantes, con gobernantes más justos, la Argentina puede salir adelante. Me indigna ver a veces la cantidad de presupuesto disponible para algunas cosas. Hay veces que sobra el presupuesto. Ese dinero podría ser dispuesto para arreglar los techos de las escuelas, crear más hogares de día para la gente que vive en la calle y resolver el tema de la basura, por ejemplo.
Dirigiste y creaste varios emprendimientos y organizaciones. Sí. Uno de ellos es Endeavor Argentina, una fundación que apoya a jóvenes emprendedores y pone a su disposición recursos de distinto tipo para que lleven a cabo sus proyectos. Años atrás, dirigí una revista y un programa de televisión dedicado a las mujeres profesionales.
Muchos de los lectores votarán por primera vez el 28 de octubre en las elecciones presidenciales. ¿Qué les dirías? Que piensen en la época en la cual no podíamos elegir y que tomen conciencia de la responsabilidad y de la oportunidad que tienen al poder hacerlo. Si queremos una Argentina mejor, tenemos que hacer el cambio nosotros. A los dieciocho años, si hay algo que no nos gusta, hay que colaborar para cambiarlo. Y al votar, no hay que pensar en términos de ganadores y perdedores. No importa si es un partido chiquito. Hay que pensar en quién representa mejor nuestras convicciones e invertir el voto allí.
¿Qué creés que hay que tener en cuenta en el momento de elegir una carrera universitaria? Lo importante es elegir lo que a uno le gusta y profundizar. La educación que se obtiene en el colegio es más general y, en algunos aspectos, superficial. Después del colegio, hay que profundizar en algo. Luego, eso que elegimos se traslada a otras actividades. Lo que estudiamos se convierte en un tesoro, un baúl de herramientas del que sacamos ideas, soluciones y proyectos. No hay que tener miedo de tener que elegir a los dieciocho años lo que uno quiere ser toda la vida. El mundo cambia y uno cambia. Es natural pensar que los jóvenes de hoy van a tener varias actividades y que van a estudiar varias cosas en su vida. Hay que buscar lo que a uno lo hace feliz, no sólo en lo referente a los estudios, sino en los afectos, en lo personal. Lo más importante es estar contento con uno mismo. El resto viene por añadidura.
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