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NÚMERO 7
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Mario Pergolini y Diego Della Sala, dos de los referentes de FM Rock and Pop, te cuentan como es trabajar en los grandes medios de comunicación, y en este en particular, al cual definen como ?su casa?.

La Rock & Pop no es una parada más del dial de la radio. Para quienes la escuchan, en su mayoría jóvenes, no se trata sólo de disfrutar de su música o de escuchar las voces que allí suenan; es más bien una actitud y un lugar que los identifica.
Comenzó a forjarse en el año 1985, cuando el empresario Daniel Grinbank pensó que podía hacer una pequeña radio para pasar rock ?música que casi ninguna emisora ofrecía? y utilizar lo menor posible las palabras.
Al principio, transmitía desde las siete de la mañana hasta la medianoche y sólo programaba música con separadores, algunos de ellos hechos por los propios músicos que allí sonaban, como Calamaro, Cipolatti, Patricia Sosa y Spinetta. Con el tiempo, la radio fue creciendo y se jugó por sumar al staff a locutores, o mejor dicho, gente que manejara los códigos radiales y le gustara comunicarse con los que estaban del otro lado. Ésta fue una buena movida, y los oyentes comenzaron a identificarse con ellos, ya que hablaban ?como uno?. Así, se afianzó todavía más la identidad de la radio. Otra de la claves del éxito, según Grinbank, fue que aprendieron a transgredir, a renovar las formas pero sin afectar el contenido, hacer cosas creíbles pero más creativas y plantar distintos puntos de vista. Hoy, la radio ya no pertenece más al empresario, sino que pasó a manos de la corporación mexicana CIE.
Apenas llego a la Rock & Pop, me cruzo con la persona que iba a buscar: Mario Pergolini, uno de los mayores exponentes, si no ?el? exponente de esta emisora.
Difícil ofrecer alguna presentación o intentar describirlo sin caer en lo que ya se haya dicho sobre él. ¿Ícono rebelde de los 90? ¿Visionario? ¿Empresario exitoso? ¿Transgresor? ¿Creador de una imagen ?marketinera?? Creo que no me jugaría por ninguna de éstas, sino más bien por la suma de todas esas preguntas. Mario encaja perfectamente con el tipo de personalidad que la gente ama u odia. ¿Será ésta una de las características de quienes llegan lejos?
A primera vista, encontrarse con él impacta, no por una cuestión física o de la estética del momento. Lo que sorprende es la forma en que mira y, por supuesto, su inconfundible timbre de voz. Estas dos características le imprimen un aire enérgico y agresivo que, al mismo tiempo, contrasta con la buena onda y predisposición que ofrece a quienes se le acercan a la salida de la radio.
Si bien es sabido que no es muy amigo de las entrevistas, accedió enseguida a ésta. Me ofreció realizarla temprano, a las 9.45 de la mañana, horario de apertura del programa, que religiosamente desde hace años, arranca con tres temas musicales y una tanda. Esos serían los minutos que me dedicaría para entrevistarlo.
Extraño, muy extraño, fue entrar al estudio y sentarme frente al micrófono responsable de capturar y transmitir, para miles de oyentes, las voces y sonidos del programa más escuchado en su horario. Con su mejor estilo directo y sin vueltas, me ordena y advierte: ?Sentate. Tenés diez minutos. Aprovechalos?. Por suerte, ese tiempo se estiró hasta el último segundo de la tanda, y resultó el doble de lo pactado.

Trabajás en los medios desde muy joven. ¿Comenzaste por necesidad o por placer?
Siempre por placer. Trabajar en los medios, en un punto, es una cuestión bastante vocacional. Es raro que alguien empiece por dinero, porque los primeros pasos casi siempre son gratuitos. Además, es más raro todavía arrancar con algo importante siendo todavía muy joven. Nadie viene y te dice (exagera aún más su voz gruesa): ?¿Qué tal? Pase por acá; ya tiene su programa?. Es un camino medio raro.
Creo que cualquiera que trabaje en los medios y le hagan esta misma pregunta va a contestar que comenzó por vocación y no por la plata.

Cuando tu carrera profesional comenzaba a ser ascendente, dejaste la facultad. ¿Creés que hubiera sido distinto si la hubieras terminado?
En mi caso en particular, no sé qué hubiera pasado. A los 16, ya estaba en radio, y cuando entré al Salvador, universidad en la que estudié, ya estaba haciendo Feedback por Rock & Pop y me iba bien. Entonces, no sé qué hubiese sucedido en caso contrario.
Lo que sí sé es que hoy, cuando contrato chicos jóvenes, que todavía no tienen un currículum, siempre prefiero que estudien, porque indudablemente tienen más posibilidades de entrar a Cuatro Cabezas que los que no. Pero cuando llega alguien con experiencia, miro más sus trabajos que los estudios que haya hecho.

Saliendo del plano universitario, ¿tenés otras experiencias de estudio?
Sí. Siempre estuve muy al tanto de todo el ámbito tecnológico más que de la semiótica o las nuevas teorías de la comunicación. De más grande, comencé un master en Tecnologías Digitales, aunque ahora tengo un poco relegado ese tema.

¿Qué es lo primero que observás en alguien que quiere trabajar en un proyecto tuyo?
Si tiene vocación. Uno la puede pifiar, pero casi siempre te das cuenta y salta a la vista; eso es algo fundamental. Se nota en los jóvenes, cuando hablan con pasión sobre lo que quieren. Distinto es cuando sólo buscan fama; eso es otra cosa; es un camino mucho más fácil y al alcance de la mano.

Realizar, junto al historiador Felipe Pigna, un programa de historia como ?Algo habrán hecho? fue una jugada arriesgada. Cuando planteaste este proyecto, ¿qué le pareció a tu entorno?
Cuando contamos la idea por primera vez y pedimos un horario central en la grilla, nos dijeron que estábamos locos. ?A quién le puede interesar un programa de historia argentina. No lo va a ver nadie?, relata Mario que le dijeron. Pero, para nosotros, era un hecho visual: contar algo bien y con imágenes agradables. ¿Por qué no iba a gustar?
La idea era hacer un documental con una estética diferente, una mezcla de relato y ficción. Cuando lo conocí a Felipe, pensé que había encontrado el contenido que necesitaba y que era algo que se podría hacer. Si antes de Felipe se hubiera presentado otra persona y su idea se adaptaba a lo que queríamos, lo hubiéramos hecho con otro tema y no con la historia.
Por otro lado, tengo que reconocer que no era una apuesta educativa en sí misma, sino que buscamos hacer un alto contenido para televisión donde al toque uno dijera: ?La p?. Pero mirá qué bien hecho que está?. Ése era nuestro primer objetivo. Que haya terminado siendo educacional fue por otras cosas.

Te escuché decir varias veces en radio que nunca pensás en el receptor. ¿Es tan así?
Uno tiene que hacer lo mejor que pueda. En principio, me importa eso. Que después el producto guste o no es más anecdótico. Quizá lo digo desde una posición en la cual siempre tuve la suerte de que los productos funcionaran. En esto, seguramente cualquiera me pueda decir: ?Qué vivo. Si siempre te fue bien, es fácil decir que no te preocupa lo que digan de tus productos?. Pero, así y todo, indudablemente siempre me ha funcionado.

¿Qué tipo de jefe sos?
Soy muy recto. Con Diego Guebel, socio y codirector de Cuatro Cabezas, siempre nos involucramos en todos los procesos y, al conocer más el ?paño?, se exige aún más. A veces, llega gente y nos dice que algo no se puede hacer, pero nosotros sabemos que sí, y ahí es cuando exigimos.
Actualmente, tenemos más de 600 empleados entre la Argentina y otros países, como Chile y España, y estamos por abrir oficinas en los Estados Unidos. Desde que nació la empresa, sólo habrán renunciado unas seis personas? Creo que eso habla de cómo somos.
Dentro de la empresa, además de ser jefe, también soy compañero y amigo de mucha gente. Eso cambia las relaciones y las hace un poco raras.

Lo que decís me hace pensar en que el trato humano dentro de la empresa es un pilar importante?
Sí, totalmente. Los trabajos en equipo son fundamentales. Hay que saber armar buenas segundas líneas, gente en la que confiás, y te jugás por sus decisiones, que después tenés que defender. Creo que eso es lo que más cuesta de ser jefe: confiar en otro para que sea también jefe de la gente que vos tenés a tu cargo? Eso se hace difícil.

¿Te gusta trabajar con gente joven?
Sí, claro. El promedio de Cuatro Cabezas es de 25 años?

¿Un consejo para los chicos que están terminando el secundario?
Que estudien, busquen un terciario o carrera de lo que sea. Pero estudien, porque si no, después, se complica para salir adelante.

Como me prometió, la entrevista se mantuvo lo que duraron los tres temas y la tanda, algunos minutos más de los que en principio él pensaba. De casualidad, en el instante en que termina de contestar esta última pregunta, mira al micrófono y comienza a salir al aire. Me quedo con el grabador prendido, la cinta que corría y yo sin saber si apagarlo o no, por miedo a que el ruido del stop saliera al aire.


Algunos datos sobre Mario:

Hijo menor de una familia tradicional, vivió toda su infancia y adolescencia entre San Isidro y Martínez. Cursó los estudios primarios en el colegio Santa Isabel, y finalizó los secundarios, luego de pasar por varios colegios, en el La Salle.

En 1985, junto al hoy filósofo Alejandro Rozitchner, hizo su primera experiencia en radio como asistente en el programa ?Todo mal?, que se emitía por Radio Belgrano. Ese año, con ?Feedback?, llegaría también su verdadera incursión en radio, que después de un tiempo desaparecería por lo roces con su compañero de trabajo Ari Paluch.
Al dejar este proyecto, comenzó, en la Rock & Pop, con ?Malas compañías?, pero el éxito llegaría a fines de 1993 con ?¿Cuál es??, conducido junto con su compañero y amigo de toda la vida Eduardo De la Puente. Imposible pasar por alto tres nombres que, en ese entonces, formaron parte del equipo del programa: Andy Kusnetzoff, en la producción, y Freddy Villareal y José María Listorti, en los móviles. ?¿Cuál es?? transmite, desde ese momento y sin interrupciones, de lunes a viernes de 9 a 13 horas. Cada año que comienza, Mario advierte que es el último frente al programa, pero como él dice: ?El amor por la radio puede más?.

El programa que le sigue al de Mario es ?Day Tripper?, conducido por Juan Di Natale, Diego Della Sala y Fabio Alberti. Dominado por una bizarra y humorística visión de la realidad, desde hace años es también otro de los clásicos de la radio.
Diego Della Sala, quien además es conductor del programa deportivo ?La pelota no dobla?, accedió a charlar con nosotros sobre su experiencia en los medios.

¿Te diste cuenta de chico de que esto era lo tuyo o lo encontraste con el tiempo?
Fue de toda la vida, y creo que es algo que les pasa mucho a los periodistas, en general. En mi caso, en particular, me cuentan que cuando todavía no sabía leer, ya ojeaba la revista El Gráfico y escuchaba a Víctor Hugo Morales por AM. Creo que esto ahora cambió un poco; los chicos no vienen tan acostumbrados a escuchar o leer a gente más preparada para argumentar y generar ideas. Eso fue algo que a mí me ayudó mucho.
Por suerte, no me tocó pasar por esa etapa, que angustia tanto a los jóvenes, de no saber qué hacer. Tenía bastante claro lo que quería.

¿Tuviste alguna influencia de tu familia para que te inclinaras por el periodismo deportivo?
No, para nada. Siempre, fue algo muy personal y totalmente mío.

¿Qué hiciste cuando terminaste el colegio?
A partir de los 18, cursé tres años de Periodismo Deportivo en Deportea y, al mismo tiempo, tuve la suerte de empezar a trabajar de muy chico en radio. De ahí en más, fue siempre jugar paralelamente con el trabajo y el estudio. Eso me servía para reforzar muchas cosas, por lo cual me siento muy afortunado.

¿Cómo llegás a la Rock & Pop?
También por fortuna. Soy pariente de Bobby Flores, ex gerente artístico de la radio. En su momento, era un primo más con el que la pasaba muy bien, a pesar de la diferencia de edad que nos separaba. Un día, le comenté que quería estudiar Periodismo, y justo se dio que en la radio arrancaba un programa de deportes, al que pude entrar como asistente de producción, en 1994. De ahí en más, fui haciendo camino al andar.

¿Cómo comenzaste a trabajar en la TV?
Mi primer trabajo en la tele fue en 2001, con Juan Di Natale, en un programa que se emitía por América 2, que se llamaba ?Así estamos?. Duró sólo dos meses, hasta que apareció Daniel Hadad en el mismo horario con ?Después de hora?. Evidentemente, era algo más que un simple programa, y el nuestro fue levantado del aire (se ríe)? A él mal no le fue (más risas). Pero a pesar de que fue una experiencia corta, me sirvió para aprender mucho porque era en vivo.

¿De ahí pasás a Caiga Quien Caiga?
Sí, el programa que estábamos haciendo pertenecía a Cuatro Cabezas y Mario Pergolini, dueño de la productora, se había quedado contento con mi trabajo. Fueron dos años muy buenos que arrancaron en 2002.

¿En qué medio te sentís más cómodo?
En la radio, sin duda. Es muy común escuchar esta respuesta de la gente que hizo las dos cosas. La radio no tiene ninguna contra. Para un oyente, la radio casi nunca puede faltar, y no puedo imaginar mi vida sin ella. Es como el verdadero amor. En cambio, la TV es traicionera; esta buenísima, pero si aparece otro, seguro que te abandona.

¿Hay menos códigos en la tele?
No creo que pase por ahí. Más que una cuestión de códigos es una cuestión de dinámica de trabajo. El raiting se mide minuto a minuto; y en tele que una entrevista dure 20 ó 5 minutos no depende del contenido, sino de si mide bien o mal. Es una historia que todos conocemos. En cambio, la radio es tu casa. Cuando llego acá, siento que todo es familiar.

¿Un momento inolvidable en radio?
Yyy... (se le ilumina la cara). Uno es haber cubierto el mundial este año. Era un sueño que tenía desde los 6 años. Otro fue cuando, a los 19, empecé a salir al aire por primera vez en el programa ?Se nos viene la noche?. Fue algo fenomenal. Lo mejor de todo fue que me encontré en un lugar que me permitía desarrollar mis capacidades y la poca o mucha creatividad que uno lleva dentro, pero por sobre todo divertirme responsablemente y aprender de eso.

¿Es fácil vivir del trabajo en radio?
(No puede evitar reírse) Si es por una cuestión de dinero, la forma más fácil de hacerlo es salir y robar un banco. Eso es bastante sencillo. El tema de cuánto se puede ganar o no es relativo. Lo que uno tiene que buscar es destacarse. Se puede vivir de la radio; es un trabajo mejor, peor o igual remunerado, como cualquier otro.
Obviamente, en tele se gana mucho más, pero también es todo más fugaz. Me parece que los jóvenes tienen que quitarse la idea de ver las cosas según cuánta plata pueda dar.
También, creo que, con cierta razón, hoy a los estudiantes les cuesta ver un país que brinde muchas posibilidades, y el desafío es que no se queden con esa imagen. Estoy convencido de que si uno es bueno y se destaca, hay muchas chances de estar en un medio, por más cerrado que éste sea. Es cierto que la fortuna influye, pero también hay que estar preparado para recibirla.

por Pablo Aragone



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